| a) Breve historia de los opioides
El primer registro certero con que se cuenta del uso del opio,
especialmente como calmante, se encuentra en los escritos de Theophrastus
en el siglo III a.C. Sin embargo, es casi seguro que se conocieran
mucho antes de esta fecha los efectos analgésicos de las
semillas de amapola; El opio fue introducido en Egipto desde Chipre
a principios de la 18ª dinastía (1551-1436 a. C.).
Al igual que ocurrió con otros productos del reino vegetal
(alcohol, curare y cocaína) las poderosas propiedades del
opio fueron descubiertas muchos siglos después.
El componente más activo del opio, la morfina, fue aislado
en 1806. Este fue un descubrimiento de gran importancia ya que
fue entonces posible preparar una droga purificada y efectiva
a partir de lo que hasta el momento había sido una mezcla
cruda e indeterminada. Sin embargo, debieron pasar casi cincuenta
años hasta que pudieron administrarse drogas como la morfina
de manera fiable y predecible, es decir, inyectable. Este procedimiento
requirió la creación de una aguja ahuecada y una
jeringa; esto ocurrió en Edimburgo en 1853. En principio,
se pensaba que la morfina debía ser inyectada cerca de
la zona afectada por el dolor para que surtiera el efecto deseado.
La morfina se utilizó por primera vez durante el trabajo
de parto en 1906 como uno de los componentes del 'sueño
crepuscular'. En un intento por encontrar un analgésico
potente pero no adictivo, se comenzó a utilizar la petidina
en Alemania en 1939 y se administró por primera vez durante
el trabajo de parto un año después. La petidina
continuó siendo el narcótico más utilizado
durante el parto aunque se ha demostrado la falacia en su calidad
de no adictivo. Desde la introducción de la petidina, se
han producido muchas otras drogas que comparten algunas propiedades
de la morfina y la petidina (pero a un costo mayor). Con todo
y con eso, estas dos drogas han sobrevivido y siguen utilizándose
en todo el mundo.
Durante muchos años, drogas que cumplen la función
que la morfina fueron comúnmente llamadas "narcóticos"
(de narcosis: "adormecimiento"). Narcosis no es en realidad
una descripción acertada de su efecto principal y en algunos
casos hasta drogas como los barbituratos, sedantes y tranquilizantes
han sido erróneamente llamados "narcóticos".
Para evitar tal confusión, todas las drogas que se comportan
como la morfina reciben ahora el nombre de "opioides"
ya que como veremos más adelante actúan sobre los
'receptores opiáceos' del cuerpo.
La era del sueño crepuscular
Las drogas opioides combinadas con sedantes se utilizaron por
primera vez en Austria en 1902. Estas drogas se administraban
en dosis tan altas durante el trabajo de parto que las mujeres
tenían sólo recuerdos borrosos del trabajo de parto.
El término 'twilight sleep' describía esta sensación
de estupor. Con el tiempo, se comenzó a administrar también
barbituratos por vía endovenosa de manera que las mujeres
estuvieran prácticamente inconscientes durante el trabajo
de parto. El 'sueño crepuscular' se popularizó en
Norteamérica, donde el grupo National Twilight Sleep Association
(Asociación nacional a favor de la técnica del sueño
crepuscular) hacía lobby para que los hospitales contaran
con el equipo técnico y el personal necesarios para asistir
a las pacientes en esta situación. Se publicaban artículos
en revistas para mujeres (McLures, por ejemplo) que instaban a
que la gente apoyara al movimiento que favorecía este tipo
de prácticas y ridiculizaban a los médicos que se
preocupaban por la seguridad del método.

b) ¿Qué son los opioides?
Los opioides son drogas semejantes a la morfina en su acción.
La morfina es una droga 'natural'. Esto significa que se extrae
de una planta como cualquier otra medicina derivada de hierbas.
La planta de la que se aparta la morfina es la adormidera de opio
(papaver somniferum). Se puede encontrar morfina junto con una
variedad de veinte sustancias similares (como la codeína)
en cápsulas de semillas secas de esta planta. La mezcla
recibe el nombre de opio.
En tanto la morfina y la codeína son drogas naturales,
otras con comportamiento similar al de la morfina (petidina, fentanilo,
sufentanilo y alfentanilo) son sintéticas.
c) ¿Cómo actúan los opioides?
Los opioides copian los efectos de las sustancias similares a
la morfina que produce el cuerpo, llamadas "endorfinas".
Las endorfinas se generan en varios lugares del cuerpo y se presume
que funcionan como la defensa natural del cuerpo contra el dolor.
Las endorfinas actúan adhiriéndose a las células
nerviosas (neuronas) y deprimiendo su actividad. Se adhieren en
lugares específicos de las neuronas: en su exterior o receptores
opiáceos. Luego de "ocupar" el receptor, estimulan
una reacción en cadena que provoca la depresión
de la actividad normal por un período breve. Luego se retiran
de los receptores y el funcionamiento neuronal vuelve a la normalidad.
Los receptores opiáceos se encuentran en grandes concentraciones
en el cerebro y en la médula espinal, lo cual ayuda a explicar
el motivo por el cual los efectos de los opioides varían
según el lugar de aplicación.
Por lo general, no somos conscientes de los efectos de las endorfinas
en nuestro organismo. Sin embargo, se cree que se segregan en
grandes cantidades después de alguna actividad física
o un orgasmo; de ahí la sensación de bienestar que
experimentamos luego de estas actividades. Existe evidencia de
que se segregan grandes cantidades de ellas justo antes de comenzar
el trabajo de parto y que podría ayudar a aumentar en forma
temporaria el umbral de dolor de la mujer durante este período.
Las 'técnicas naturales' como TENS y la acupuntura suelen
servir, al menos en parte, para estimular la producción
de endorfinas en la médula espinal.
Asimismo, los opioides son más potentes y su efecto es
rápido. Tienen los mismos efectos depresivos que las endorfinas
debido a que parecen endorfinas y pueden ocupar el receptor opiáceo
sin que éste note que se trata de una sustancia diferente
de la endorfina. Cuando esto sucede en un nervio que debe transmitir
la existencia de dolor desde el sitio donde ocurre hasta el cerebro,
el efecto es el alivio de ese dolor. Cuando esto pasa en otras
neuronas, la consecuencia será la depresión de la
función normal de esa neurona.
Este efecto puede ser estimular la respiración o estimular
la contracción del intestino. Así es como los efectos
secundarios visibles son depresión respiratoria y constipación.
Estos efectos dependen de la dosis: cuanto más alta es
la dosis, tanto más fuerte será el efecto. Esto
se aplica tanto para el alivio del dolor como para la existencia
de efectos colaterales. El único peligro potencial del
uso de opioides es la existencia de depresión respiratoria
aguda. Pueden ocurrir grados leves de depresión respiratoria,
que no revisten peligro para la paciente. Los opioides pueden
resultar efectivos contra dolores medianamente agudos en dosis
que no representen peligro de causar depresión respiratoria
aguda. En los casos en que el dolor no se alivie con las dosis
recomendadas, se deben utilizar formas alternativas de alivio
del dolor en lugar de recurrir al aumento de la dosis.

d) ¿Cómo se administran los
opioides?
De acuerdo con lo expuesto anteriormente, para que los opioides
hagan algún efecto, deben entrar en contacto con los receptores
opiáceos de las células nerviosas. En otras palabras,
deben transportarse desde donde se administran hasta el sistema
nervioso. Esto puede llevarse a cabo de varias maneras: entre
ellas, por vía oral, intramuscular y endovenosa (infusión
de opioides continua, intermitente o analgesia controlada por
la paciente), por inyección de opioides en la médula
o el espacio epidural.
- Por vía oral
Las drogas opioides pueden administrarse en forma oral.
Desafortunadamente, esta vía no es práctica luego
de una cirugía o durante el trabajo de parto. En primer
lugar, el estómago no funciona de manera adecuada y,
por lo tanto, las drogas no pasan al intestino, que es donde
se absorben. Incluso si el intestino funcionara normalmente,
el proceso de absorción es lento y no del todo confiable.
Esto se debe en parte a que las drogas, que son absorbidas,
pasan por el hígado primero y es en este lugar que la
mayoría de las drogas se descomponen o la bilis la excreta
de vuelta al intestino (donde se absorben una vez más).
La administración de opioides por boca resultaría,
entonces, poco efectiva. Algunos opioides se absorben ya en
la boca; pero, una vez más no se ha probado que esto
sea efectivo durante el trabajo de parto.
- Por vía intramuscular
Esta es la manera más común en que se administran
opioides tanto durante el trabajo de parto como después
de una cirugía. La inyección se aplica comúnmente
en la parte externa del muslo o en la cola. La dosis de la inyección
es usualmente pequeña (1-2ml), la administra una enfermera
y no es, por lo general, dolorosa. Se escoge un músculo
para la aplicación ya que la droga se esparce por el
torrente sanguíneo más rápido de esta manera
que si se aplica debajo de la piel. Lleva tiempo que la droga
se absorba del músculo y también que alcance su
pico de concentración en el torrente sanguíneo
(y, consecuentemente logre su mayor efecto). En la mayoría
de los opioides este proceso dura de quince a treinta minutos.
Una vez que el opioide entra en el torrente sanguíneo,
circula por todo el cuerpo y llega hasta órganos y tejidos
a través de los vasos sanguíneos más delgados
o capilares hasta que vuelve al torrente sanguíneo. Es
inevitable que una porción también pase al sistema
nervioso y entre en contacto con suficientes receptores opiáceos
como para ocasionar el efecto clínico deseado.
- Por vía endovenosa
La manera más rápida de aliviar el dolor es suministrar
las drogas opioides directamente en el torrente sanguíneo.
La sangre recorre todo el cuerpo en menos de un minuto. De este
modo, cuando se inyecta un opioide en una vena, la droga llega
al cerebro en cuestión de segundos. Es por esto que la
anestesia administrada por vía endovenosa actúa
tan rápido. Por esto mismo, los opioides hacen efectos
en un par de minutos.
El efecto que se desea alcanzar con la administración
de una droga opioide es, desde luego, el alivio del dolor de
la paciente. Con el fin de lograrlo, es imperioso que el opioide
alcance grandes concentraciones en sangre y permanezca por un
período relativamente corto mientras el dolor persista.
Ya sea se trate de inyecciones intramusculares o endovenosas,
el nivel óptimo de concentración se alcanza solamente
por lapsos limitados. Caso contrario la concentración
resulta demasiado baja o bien demasiado alta. Si la concentración
del opioide resulta insuficiente, el nivel de alivio del dolor
también lo será. Si, por el contrario, la concentración
en sangre es excesiva, podría haber efectos colaterales
desagradables, los cuales se describirán más adelante.
A efectos de tratar y, finalmente, lograr superar estas dificultades,
se han llevado a cabo diversos intentos por diseñar un
sistema que permita conseguir una concentración de opioide
en sangre más fiable y constante. Dos de estos sistemas
vale la pena describir. Ellos son la infusión de opioide
continua y la analgesia controlada por la paciente (PCA)
- Infusión continua de opioide
El primer intento de solución fue tratar de calcular
por adelantado cuál es la dosis de opioide requerida
y luego administrarla por vía endovenosa. Esto significa
que la droga se administra por goteo a la velocidad justa hasta
que no se necesite más. Se prepara cuidadosamente la
cantidad de opioide con antelación a la administración
y se lo aplica en una vena por medio de una bomba especial.
El objetivo de esta operación es mantener la concentración
de opioide en sangre en el rango óptimo. En términos
generales, las infusiones de drogas opioides han probado ser
más efectivas en el manejo del dolor postquirúrgico
y, en algunos centros de salud, son muy utilizadas luego de
la realización de una cesárea. Otros son de la
opinión de que los beneficios que trae este tipo de droga
no son tan espectaculares como para valer la pena la molestia
de administrarla. La posibilidad de disponer de este tipo de
infusiones o no depende de la institución y de la atracción
que el cuerpo médico y el equipo de enfermería
sientan por la técnica. No son de uso corriente durante
el trabajo de parto probablemente a raíz de la dificultad
que existe en determinar la dosis y la incidencia de los efectos
colaterales.
- Por inyección en la espina dorsal
La espina dorsal es rica en neuronas con receptores opiáceos.
La introducción de drogas opioides directamente en el
fluido que recubre la espinal dorsal permite lograr un nivel
aceptable de reducción del dolor. De cualquier manera,
la aplicación en esta zona requiere de dosis mucho menores
que si se administra por otras vías. Esto se debe a que
actúan inmediatamente sobre los receptores opiáceos
existentes en la espina dorsal en lugar de tener que enviarla
a ellos por el torrente sanguíneo. Dado que las dosis
aceptables deben ser menores y que la dispersión de la
droga a otros lugares del cerebro es menor, la posibilidad de
que se presenten efectos colaterales también se reduce.
Los opioides administrados a través de a espina dorsal
pueden aplicarse de una sola vez. Existen unas agujas muy delgada
que se introducen en el saco que se encuentra en la parte final
de la médula espinal. Se inyecta una pequeña dosis
de opioide y luego se retira la aguja. Esta técnica fue
utilizada en el pasado para la aplicación de morfina
dado que la sensación de alivio del dolor es mucho más
duradera si se la administra por esta vía (6 a 12 horas).
Por desgracia, se pueden ver secuelas de depresión respiratoria
en cualquier momento dentro de las 24 horas pasadas después
de la aplicación, lo cual obliga a llevar adelante cuidados
más exhaustivos. Otra razón por la cual la morfina
ha caído en desuso en los últimos tiempos es que
la picazón que causa la morfina puede ser severa y difícil
de tratar.
Las drogas opioides, en cambio, como el fentanilo y el sufentanilo,
puede utilizarse como una alternativa a la morfina; pese a ello,
la duración del efecto no es tan persistente. Dado el
caso de que se apliquen estas inyecciones repetidamente en el
saco espinal, crecen las probabilidades de que la paciente sufra
dolor de cabeza a causa de la filtración del líquido
cefalorraquídeo.
En los últimos tiempos, otra técnica ha cobrado
popularidad; esta combina la aplicación de una inyección
de opioide intratecal y otra peridural. Este método recibe
el nombre de "combinación espinal - peridural"
(CSE). Se coloca un catéter en la zona peridural en el
mismo momento en que se inyecta el opioide en la zona espinal.
Así se puede utilizar este mismo catéter durante
el trabajo de parto si fuera necesario administrar más
calmantes.
Las drogas opioides pueden también suministrarse por vía
peridural
Si bien es cierto que el espacio peridural está separado
de la médula espinal por una gruesa membrana (la duramadre),
los opioides cuentan con la capacidad de cruzar esta barrera con
bastante facilidad. El delgado catéter que se coloca en
el espacio peridural permanece en esa zona; esto significa que
si fuera imperioso se podrían administrar dosis adicionales
sin la necesidad de aplicar más inyecciones. Por todos
estos motivos, la mayoría de los centros de salud prefieren
administrar estas drogas por vía peridural (y no espinal)
cuando se prescriben opioides como tratamiento del dolor en instancias
postquirúrgicas o durante el parto. Si se compara la cantidad
de opioide requerida para la administración por esta vía
con las necesarias por vías endovenosa o intramuscular
siempre pensando en el mismo efecto sobre la paciente, descubrimos
que las primeras resultan extremadamente inferiores pero también
su alcance es menor.
- Otras vías
Algunas drogas, incluso algunos opioides, pueden absorberse
a través de la piel; a raíz de esto es que se
intentó producir parches adhesivos con opioide para que
la paciente los adhiriera a la piel. Este atractivo concepto
mostró ser promisorio en el campo del tratamiento del
dolor postquirúrgico pero resulta todavía poco
confiable para su uso durante el parto.

e) Analgesia endovenosa controlada por la
parturienta
Dadas ciertas circunstancias, no es del todo conveniente recurrir
a técnicas peridurales para calmar el dolor durante el
trabajo de parto. Su anestesiólogo es la persona que va
realizar esta evaluación. La existencia de desórdenes
tales como preeclampsia (alta presión durante el embarazo)
y sangrado es un ejemplo claro de condiciones en las cuales el
riesgo que implica la aplicación de analgésicos
por vía peridural podrían exceder los beneficios
de alivio que causa. No obstante, existen otros métodos
para calmar el dolor. Uno de ellos es la analgesia endovenosa
controlada por la paciente (IV PCA).
PCA es una técnica que le permite a la madre administrarse
sola el calmante. Se carga una solución analgésica
en una jeringa y se adhiere a una bomba especial que a su vez
se conecta al goteo endovenoso por medio de tubuladuras. La misma
mujer controla la administración de la droga desde la bomba
presionando un botón. No bien siente que se aproxima otra
contracción, ella presiona el botón y comienza a
gotear una pequeña cantidad de medicación calmante.
Si bien la paciente puede presionar el botón tantas veces
como juzgue necesario, la bomba comenzará con el goteo
de medicación luego de que haya pasado un lapso determinado.
Esto recibe el nombre de "pausa" (lockout) y dura aproximadamente
cinco o más minutos. Esta pausa forzada que hace la máquina
asegura que la droga pudo hacer efecto antes de que se administre
la siguiente dosis; esto se debe a que existe un lapso de tres
a cinco minutos entre el pasaje de la droga hasta el goteo y el
comienzo de la sensación de alivio. Este cese en la operación
de la máquina protege a la madre de extralimitarse en la
cantidad de droga recibida. De cualquier modo, puede administrase
otra dosis de medicación presionando el botón de
la bomba siempre y cuando siguiera molesta después de la
contracción y el período de pausa de la máquina
hubiera terminado. Es importante que sea la madre la única
persona que active la bomba ya que es ella la única persona
que sabe cuánto duelen las contracciones y cuánto
alivio necesita. Esto también asegura que no reciba demasiada
medicación.
Se requiere asimismo de la administración por parte del
anestesiólogo de una dosis inicial de medicación
con el fin de que la paciente cuente con un nivel residual de
analgésicos antes de que comience a administrar la droga
por sus medios. Luego, se la instruye en el funcionamiento de
la bomba para que presione el botón cuando lo crea necesario.
Tanto la cantidad de droga suministrada como el período
de pausa de la bomba puede ajustarse con el correr del el trabajo
de parto para lograr satisfacer las necesidades de alivio de la
paciente. El trabajo de parto es una situación dinámica
y la cantidad de droga requerida cambia con el paso del tiempo.
PCA es una técnica flexible y permite la disposición
de una terapia individual para cada caso en particular.
A pesar de que los opioides son las drogas analgésicas
más frecuentemente administradas para el alivio del dolor,
han mostrado tener una efectividad limitada cuando se las administra
por vía intramuscular e incluso mucho mujeres informan
que les resultaron poco adecuadas. La técnica PCA ofrece
mayor efectividad en el alivio del dolor que las inyecciones intramusculares.
El dolor se alivia con mayor celeridad y constancia, y la dosis
puede ajustarse con facilidad a las necesidades de la madre, que
cambian con el correr del trabajo de parto.
Aun cuando se puede contar con la administración de una
gran variedad de agentes analgésicos por medio de un dispositivo
controlado por la paciente, el fentanilo es la droga más
utilizada por las mujeres en trabajo de parto. El fentanilo es
un agente opioide sintético que tiene un efecto rápido
(a los cinco minutos de la aplicación) y dura alrededor
de 45 minutos. Este efecto de relativa duración minimiza
la cantidad de droga acumulada tanto en la madre como en el feto.
Es preciso recordar que no se obtiene analgesia completa con el
uso de opioides. Esto también se aplica a los opioides
administrados por PCA. Dado el caso de que se incremente la dosis,
es factible que se agudicen también los efectos colaterales
tanto en la madre como en el feto; algunos de ellos son náuseas,
vómitos, vaciamiento gástrico retardado, depresión
respiratoria y desorientación. La repercusión de
los efectos sobre el recién nacido -básicamente
depresión respiratoria- depende de la dosis total de opioides
administrada y el intervalo entre la aplicación de la dosis
y el parto del bebé.
Aun así, el fentanilo administrado por IV PCA de manera
correcta puede resultar efectivo al momento de mitigar el dolor
de las contracciones; se logra así proporcionarle a la
madre cierta comodidad durante el trabajo de parto. Se deben instruir
bien claramente a las mujeres que utilicen la técnica PCA.
La paciente debe tener en claro que el objetivo real del uso de
este método no es la ausencia total de dolor sino que es
una forma muy efectiva de aliviar el dolor.
Se puede decir de la PCA lo mismo que de todas las técnicas
analgésicas: requiere grandes cuidados por parte del equipo
de enfermería. En tanto utilice la técnica de PCA,
usted debe esperar que la asistan con oxígeno por medio
de una mascarilla y que midan que su condición respiratoria
es normal. La efectividad en el alivio del dolor así como
la aparición de efectos colaterales serán evaluados
por el anestesiólogo y el equipo de enfermería.
Los opioides administrados por medio de la técnica PCA
pueden traspasar la placenta y causar depresión respiratoria
en el infante. Esto no es muy probable. Lo que es más,
tal depresión respiratoria se revierte de inmediato con
la aplicación de una droga de efecto 'antagónico'
llamada "naloxone".

f) Efectividad de las drogas opioides en el
alivio del dolor
No es una cuestión sencilla saber el nivel de efectividad
de las drogas opioides en el alivio del dolor. Primero, la situación
depende obviamente del grado de intensidad del dolor. Por este
motivo, los opioides resultan de mayor efectividad al comienzo
del trabajo de parto que cuando éste está más
avanzado, etapa en la que las contracciones son mucho más
fuertes. La mayoría de las madres sienten que consiguen
cierto grado de alivio mientras que una minoría de ellas
opina que una inyección sola es todo lo que necesitan.
Muchas mujeres asimismo se sienten más calmadas y más
relajadas. Otro grupo de pacientes muestra desagrado por los efectos
secundarios o bien experimenta poco alivio; se presume que esto
último se debe a que dolor que experimentan es muy intenso.
Un estudio muy extenso llevado a cabo por el Hammersmith Hospital
de Londres reveló que solamente el 22% de las mujeres experimentó
alivio del dolor con el uso exclusivo de petidina mientras que
en el 48% de los casos no se logró 'ningún' grado
de alivio.
Las drogas opioides son más confiables en el tratamiento
de dolor causados por cirugías, en los que los niveles
de dolor son menos intensos y más constantes. Aquellas
mujeres que experimentaron un nivel perfectamente satisfactorio
de alivio del dolor con drogas opioides en situaciones postquirúrgicas
no deberían, entonces, suponer que van a lograr el mismo
efecto durante el trabajo de parto.
En segundo lugar, la efectividad de las drogas opioides depende
de la dosis administrada. Cuanto mayor sea la dosis, tanto más
efectiva será la droga a la hora de calmar el dolor. Pero
el uso de estas drogas en grandes cantidades tiene un precio:
una gran probabilidad de aparición de efectos secundarios.
Hace mucho tiempo, era muy común administrar drogas opioides
en grandes cantidades (a menudo combinadas con sedantes). Esto
causaba que las mujeres ni siquiera recordaran haber tenido un
bebé. De acuerdo con una encuesta que se realizó
en 1952, no era para nada inusual que las pacientes recibieran
dosis de petidina seis u ocho veces mayor a las que reciben hoy.
En la actualidad, se utilizan dosis de opioides mucho menores
durante el parto y no existe ninguna razón lógica
que lleve a la utilización rutinaria de sedantes (por ejemplo,
los barbituratos). Se ha demostrado que los sedantes aumentan
la fatiga y no contribuyen en lo más mínimo al alivio
del dolor. Al igual que las drogas opioides cruzan la placenta
con facilidad; sin embargo, a diferencia de estas, sus efectos
no pueden revertirse. Los sedantes persisten en el cuerpo por
mucho más tiempo que las drogas opioides. También
se sostiene que reducen el tono muscular del bebé durante
un cierto lapso después del parto al tiempo que interfieren
con la regulación normal de la temperatura corporal. Si
bien es cierto que estas desventajas existen, muchos centros de
salud siguen administrando sedantes junto con drogas opioides
durante el trabajo de parto. Esta mezcla no causa grandes beneficios
además de reducir las náuseas; incluso de ser este
el caso, existen otras drogas más apropiadas. Los sedantes
pueden ser en parte responsables de la fama que tienen las drogas
opioides, en algunos lugares, de causar confusión mental
en la madre y poca capacidad de adaptación en el bebé.
Se recomienda al lector de este material que averigüe si
es de práctica habitual del médico administrar sedantes
junto con los opioides durante el trabajo de parto. En cualquier
caso, siempre puede pedir que se omita el uso de los sedantes.
Por último, la efectividad en el uso de drogas opioides
depende también del lugar y la manera en que se administran.
Por ejemplo, la cantidad de droga que se requiere para causar
el efecto deseado es mucho menor si se la aplica cerca del lugar
de acción (la médula espinal) que si se la administra
en un lugar desde el cual deba ser 'transportada' por la circulación
de la sangre. Las cantidades requeridas para una aplicación
intramuscular generalmente duplica aquélla necesaria para
la administración en el cordón espinal. Desafortunadamente,
la mayoría de los estudios realizados han demostrado que,
en sí mismos, los opioides de aplicación espinal
no son del todo efectivos durante el trabajo de parto. En caso
de que se los combinara con algún anestésico local,
sí pueden causar una efectiva sensación de alivio.

g) Efectos colaterales del uso de drogas opioides
Prácticamente todas las drogas tienen efectos colaterales;
es decir, causan efectos distintos de los esperados. No debe confundirse
un efecto secundario con una complicación: los efectos
secundarios están bien definidos y son predecibles. Algunos
de ellos son comunes y triviales; otros, no obstante, pueden incluso
llegar a poner en peligro la vida de la paciente. En el caso de
las drogas opioides, estos efectos adversos están relacionados
con la dosis que se administre o, mejor dicho, con la concentración
de opioides en la circulación sanguínea. Los lectores
de este material que hayan recibido drogas opioides descubrirán
que muchos de estos efectos secundarios les resultan familiares.
Pueden predecirse a partir de la acción de las drogas opioides
en sus receptores.
Por lo general, las drogas opioides suelen causar constipación,
náuseas y vómitos. La sensación de náuseas
es igualmente común durante trabajo de parto independientemente
del uso de este tipo de drogas. Algunos individuos son más
susceptibles de sentir náuseas que otros, especialmente
después de una cirugía. Durante el trabajo de parto,
algunas mujeres se sienten mejor una vez que "las eliminaron".
Si persisten como una molestia, las náuseas usualmente
responden a una droga de acción antiemética por
vía intramuscular o endovenosa.
Por bien que sepamos que las drogas opioides no pertenecen a la
categoría de sedantes, es común que la paciente
sienta cierto grado de sopor. Este efecto puede ser muy bienvenido
si le permite a la paciente descansar un rato o dormir un poco.
Las primeras etapas del trabajo de parto -antes de las contracciones
se definan como tales- son tan molestas que pueden mantenerla
despierta durante toda la noche. Esto quiere decir que usted comienza
su próximo día en trabajo de parto sin haber dormido
nada. También significa que deberá enfrentar un
día largo y arduo casi exhausta. Esta sensación
de sopor puede servirle para dormitar un rato antes de que el
día realmente duro comience.
No obstante, una vez que comienza el franco trabajo de parto no
todas las mujeres encuentran placenteros los efectos sedantes
de las drogas opioides. Algunas se sienten "aturdidas"
(como después de haber tomado demasiados gin-tonics) mientras
que otras se sienten mareadas y desorientadas. Por desgracia,
no es posible decir con antelación si una persona va a
vivir los efectos sedantes de las drogas opioides como una experiencia
placentera o bien, por el contrario, desagradable.
Todas las potentes drogas opioides utilizadas con el fin de causar
al paciente alivio del dolor que experimenta pueden causar dependencia
o adicción. Por supuesto, durante generaciones la sociedad
ha visto en la adicción un problema serio. Es por esto
que las drogas adictivas tienen un fuerte control regulatorio:
para su utilización con fines terapéuticos exclusivamente.
El marco regulatorio que encierra este tipo de cuestiones es distinto
en cada país y no es de nuestra incumbencia a los fines
de este trabajo. Lo que es importante destacar aquí es
que no existe ningún tipo de riesgo de posible adicción
después de recibir una droga opioide durante el trabajo
de parto o después de una cesárea. La drogadependencia
se desarrolla en aquellas personas tontas que consumen opioides
con "fines recreativos", no cuando se utilizan para
aliviar los dolores agudos que sufren las mujeres en trabajo de
parto.
Los opioides deprimen la respiración. Esto significa que
disminuyen la cantidad de aire que se respira por minuto. Si bien
esto es cierto, es menester explicarlo en términos apropiados.
Después de todo, la respiración también se
deprime durante la situación normal de sueño y a
nadie se le ocurriría sugerir que debemos permanecer despiertos
todo el tiempo. El hecho es que con las dosis de opioides que
se administran en la actualidad la depresión respiratoria
es solamente susceptible de detección por medio de pruebas
muy sensibles. Asimismo, las mujeres en trabajo de parto tienen
la respiración acelerada. El dolor es un estímulo
que dispara la aceleración de respiración y esto
último excede cualquier efecto depresor que pudiera causar
el opioide. No hay ningún peligro, entonces, de que un
opioide administrado por vía endovenosa o intramuscular
cause efectos serios en la respiración.
No obstante, cuando se administran opioides en la médula
espinal, sus efectos en la respiración pueden ser más
pronunciados. Es por esto posible que ocurran episodios de depresión
respiratoria seria incluso varias horas después de la aplicación,
como es el caso de la morfina. Esta es otra razón por las
cuales los opioides de administración espinal no gozan
de gran popularidad. Los opioides administrados en la zona peridural,
no obstante, aparecen como opciones más seguras.
Las drogas opioides causan la constricción de la pupila,
pero esto no resulta perjudicial para la paciente y es apenas
perceptible. En teoría, estas drogas también afectan
el ritmo cardíaco, el tono muscular y el nivel de la temperatura
del cuerpo pero son, a la vez, imperceptibles. Se tiene conocimiento
de un efecto secundario casi exclusivo de la aplicación
de este tipo de drogas en la región peridural: prurito
o picazón. No se sabe con exactitud el motivo de la aparición
del prurito pero es, sin lugar a dudas, una gran molestia. Esto
parecería ser un problema causado por algunos opioides
(especialmente la morfina) más que otros. Es de muy rara
aparición, por ejemplo, en el caso de la administración
de petidina.
Contrario con lo supuesto por la mayoría de la gente, los
opioides no tienen gran repercusión a nivel cardíaco
y circulatorio. De hecho, se utilizan en cantidades mayores a
aquellas administradas durante el trabajo de parto para anestesiar
a pacientes en cirugías cardíacas porque estabilizan
la función cardíaca.
Para terminar, muchas personas creen ser "alérgicas"
a todo tipo de drogas, incluidos los opioides. Una serie de preguntas
simples revela con frecuencia que ellos experimentan uno o más
de los efectos descriptos hasta ahora. Si este fuera el caso,
entonces, no son alérgicos a los opioides. La alergia no
es un efecto colateral. Es una clase especial de reacción
por la cual el sistema inmunológico responde de manera
exagerada a una sustancia que le resulta extraña. La alergia
se revela con síntomas, tales como: erupciones en la piel,
hinchazón en la cara o episodios de asma, y el diagnóstico
se confirma únicamente con tests en la piel o análisis
de sangre. Es extremadamente raro que un individuo sea realmente
"alérgico" a los opioides.
Lo que hace atractivo al tratamiento con drogas opioides es que
sus efectos se revierten con facilidad mediante el uso de opioides
antagonistas (por ejemplo, el naxolone). Este droga actúa
como removedor del opioide del receptor opiáceo, y termina
de este modo con los efectos adversos que pudiera estar causando.
El naxolone se ha utilizado en el ambiente obstétrico durante
décadas. Sin embargo, por algún motivo, los autores
más populares (e incluso los instructores prenatales) nunca
hacen mención de esta droga. Tal vez esta extraordinaria
omisión (especialmente por parte de personas que deberían
saber más) explica la razón por la cual tantas mujeres
se alarman ante la administración de una droga opioide
durante el trabajo de parto. Desde le punto de vista de la seguridad
de esta droga, no hay necesidad de que nadie se alarme debido
a que los efectos secundarios que pudiera ocasionar se revierten
con facilidad y rapidez.

h) Efectos del uso de opioides en el bebé
Antes de discutir los efectos que estas drogas opioides puedan
causarle al bebé, resulta menester excluir algunos hechos
que no son causados por ellas:
1. No causan defectos o anormalidades congénitos;
2. No interfiere con las contracciones uterinas o el progreso
del trabajo de parto;
3. No tiene efectos nocivos en la circulación del bebé
durante el trabajo de parto (aunque pueden provocar variaciones
en el ritmo cardíaco normal, se desconoce el grado de importancia
de esto)
Según se dijo anteriormente en este mismo capítulo,
todos los opioides atraviesan la placenta con suma facilidad y
entran así en el sistema circulatorio del bebé.
Muchos opioides se concentran en la sangre del bebé en
alrededor de un 70% de lo que se concentra en la madre. Una vez
que entran el torrente sanguíneo del feto, las drogas opioides
pasan libremente de órgano en órgano hasta que llegan
al hígado y los riñones y finalmente se elimina.
Este proceso no difiere en nada de lo que ocurre en un ser humano
adulto. Naturalmente, una porción de los opioides también
puede interactuar libremente con los receptores opiáceos
del bebé. Las preguntas son entonces: ¿qué
efectos podrían provocar los opioides en el cuerpo del
bebé? y ¿cuál es su importancia? Vale la
pena recordar algunas de las actividades que se median a través
de los receptores opiáceos.
Es bastante probable (aunque no es un hecho probado) que los opioides
sí reduzcan la respuesta del recién nacido (o del
feto a los fines de esta exposición) al dolor. Naturalmente,
desconocemos qué tipo de dolor experimenta el bebé
al nacer de manera que no podemos aseverar si el estado de analgesia
es nocivo o beneficioso. Existe, no obstante, una instancia en
la que los opioides sí han demostrado ser efectivos: en
el infante muy prematuro que requiere de asistencia ventilatoria.
En este caso, es necesario colocar un tubo en la tráquea
de manera que un ventilador pueda inflar los pulmones. Este es
un proceso estimulante y causa un incremento en la presión
sanguínea; se cree que en algunos casos es causa de hemorragia
intracraneal. Las drogas opioides reducen esta respuesta de la
presión sanguínea a la intubación y muchos
neonatólogos prefieren realizar estas prácticas
con los bebés bien sedados.
Como ya se expuso con anterioridad, las drogas opioides deprimen
la respiración y ciertamente podrían producir depresión
respiratoria en el recién nacido. Algunos autores, empero,
groseramente exageran la importancia de este efecto secundario
diciendo que estas drogas son las responsables de que el bebé
nazca "chato" o no llore de inmediato. Ambas afirmaciones
son distorsiones groseras de la verdad.
La verdad es que las drogas opioides -especialmente si se las
administra en las dosis utilizadas en la actualidad- son rara
vez responsables de causar depresión respiratoria grave.
Una razón más común, y potencialmente más
seria, de que el bebé tarde en respirar luego del nacimiento
es la asfixia. Esto es una reducción del caudal de sangre
fresca que llega al bebé antes de su nacimiento debido
a causas tales como: compresión del cordón o el
cordón enroscado alrededor del cuello. El bebé puede
asfixiarse en cualquier momento durante el trabajo de parto y
esto es independiente si la madre recibió alguna droga
o no. En la actualidad, la asfixia fetal es la causa más
común de intervención obstétrica ya sea se
decida hacer una cesárea o un parto instrumental. Un bebé
en estado de asfixia nace, y luego se lo resucita y se le administra
oxígeno. El hecho de que el bebé manifieste una
depresión en la respiración al nacer es consecuencia
de falta de oxígeno antes del parto y no de la administración
de drogas.
De acuerdo con lo que se explicó anteriormente respecto
de los efectos secundarios, un cuadro de depresión respiratoria
puede revertirse con facilidad. Llegado el caso de que se dude
de si un bebé no despierta porque está "bajo
los efectos" de una droga opioide, una inyección de
un opioide antagonista (naxolone) echará luz sobre la cuestión
rápidamente. Si los opioides son responsables de este sopor
del bebé, entonces despertará; si, por el contrario
no lo son, el bebé no despertará. El naxolone se
puede administrar en el cordón umbilical o en un músculo
en cualquier momento después del parto. Es no solamente
falaz sino también irresponsable promover la idea de que
las drogas opioides representan de alguna manera una amenaza para
la supervivencia del ser humano. Si este fuera el caso, estas
drogas hubieran sido condenadas o suspendidas hace mucho tiempo.
Es pertinente asimismo recordar que la presencia de una droga
(o para el caso cualquier sustancia química) en el cuerpo
no necesariamente significa que le causará deterioros.
En todo caso, si usted tomara café o jerez antes de entrar
en trabajo de parto, se detectará la presencia de cafeína
o alcohol en la sangre de su bebé hasta muchas horas después
del parto.
Los lectores de este material deben pues estar seguros de la seguridad
general en la administración de drogas opioides. Todavía
queda una pregunta por hacerse y es si los opioides pueden causar
efectos más sutiles y duraderos en el desarrollo intelectual
y de conducta del recién nacido. Esto es un tema difícil
y controvertido. Sin embargo, algunas de las objeciones que se
han hecho al uso de opioides parecerían carecer de sustento
cierto.
En primer lugar, se ha dicho que las drogas opioides interfieren
en el establecimiento del lazo del recién nacido con su
madre y en la lactancia de éste durante sus primeros días
de vida. Si fuera esto cierto, uno esperaría que un recién
nacido de una madre que recibió opioides durante el trabajo
de parto aumentara menos de peso que uno cuya madre no las recibió.
Esto no fue nunca probado. Por desgracia, la mayoría de
los estudios realizados no tomaron en cuenta todas las variables
que podrían afectar los patrones de alimentación
temprana. Por otro lado, la producción de leche materna
es baja durante las primeras 48 horas y los bebés indefectiblemente
pierden peso. Por esta razón, aún si hubiera algún
efecto de los opioides administrados a la madre en la succión
del bebé durante los primeros días de vida, no parecería
tener demasiada importancia.
En segundo término, las drogas opioides pueden tal vez
causar algún efecto en el desarrollo neurológico
de la conducta del recién nacido. Una vez más cabe
aclarar que la importancia que se les atribuye a estos hallazgos
es equívoca. Se han desarrollado algunos tests nuevos destinados
a intentar medir los efectos que las drogas suministradas a la
madre durante el trabajo de parto pueden tener en el bebé.
Estos exámenes son demasiado complicados para discutirlos
aquí pero incluyen la evaluación del tono muscular,
el estado de alerta, la habilidad para ignorar estímulos
triviales (el ruido de un timbre) y la capacidad de responder
a estímulos importantes como la succión. Desafortunadamente,
estos tests no son exclusivos de estas reacciones y sus resultados
se ven afectados por otros factores además de las drogas.
Otros de los defectos que tienen los estudios que han intentado
demostrar los efectos adversos que estas drogas pueden tener en
el recién nacido pueden resumirse así:
1. Las muestras fueron demasiado pequeñas para realizar
generalizaciones acerca de la población en su conjunto.
2. Se han administrados otras drogas (sedantes incluidos).
3. No se han medido las concentraciones de droga al momento del
nacimiento.
4. No ha habido grupo de control (un grupo que no haya recibido
medicación alguna) durante estos estudios.
5. No siempre se han tomado las medidas necesarias para excluir
el prejuicio del observador (el investigador estaba en conocimiento
de qué drogas se habían administrado antes de realizar
al estudio).
Una de las series de estudios más fiables y detallados
referentes a la influencia que la petidina puede tener sobre el
recién nacido proviene del St. Mary´s Hospital Medical
School (hospital escuela) de Londres. En estos estudios, un grupo
de niños cuyas madres habían recibido petidina durante
el trabajo de parto fue comparado con el grupo de control cuyas
madres no habían recibido ningún analgésico.
Se descubrió que no había ninguna diferencia entre
las conductas neurológicas de los dos grupos. Las mediciones
se realizaron en cuatro períodos durante las primeras seis
semanas de vida de los bebés. En otras palabras, se puede
decir que la petidina no tuvo ningún efecto detectable
en el desarrollo neurológico y de conducta de los recién
nacidos. Se comprobó, no obstante, la existencia de cierta
depresión en la función bajo dosis de petidina más
altas. Ya que no se verificó ninguna diferencia sustancial
entre los dos grupos, se puede afirmar que aquellos bebés
que fueron expuestos a dosis pequeñas de petidina deben
de haber evolucionado mejor que aquéllos que no fueron
expuestos a ninguna droga. Esto alienta la posibilidad de que
cualquier efecto adverso menor de la petidina en el recién
nacido funcionó como disparador de un efecto positivo en
la interacción con su madre. Al reducir el estrés
emocional de la madre, la petidina podría de hecho haber
beneficiado al bebé.
Al menos dos estudios de importancia han arrojado que no existen
efectos a largo plazo de analgésicos de ninguna clase en
el desarrollo neurológico o los logros escolares de los
niños hasta la edad de cinco años. No hay, pues,
sustento científico alguno que avale la creencia de que
las drogas analgésicas administradas durante el trabajo
de parto tengan efectos adversos en el bienestar del niño.
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